Siempre he creído eso de que le es natural al hombre el deseo de conocer. Sin embargo hace ya algunos años que no estoy del todo seguro; o al menos no en todos los hombres aplica esa regla.
La necesidad de conocer nace del asombro; éste es el motor del conocimiento. Sin embargo, la inmensa mayoría de las personas que emprenden estudios e investigaciones lo hacen más por fines pragmáticos. Asombrarse con el mundo que los rodea los tiene muy sin cuidado, no hay una verdadera inquietud intelectual, y es ahí donde radica el peligro de hacer de las ciencias una mera mercancía, una mera herramienta para lograr fines mezquinos... que es lo que más a menudo encontramos en el mundo de hoy día.
El conocimiento verdadero es conocimiento de causas, no meras explicaciones superficiales, ni acumulamiento de datos.
Estoy convencido que el pensamiento filosófico surge el día que un hombre cualquiera se enfrenta a lo desconocido.
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